Frente a un bar, se oye una conversación, de política pero interesante, diferente a los pensamientos de Kuraia, pero ella nunca se cansa de escuchar nuevas ideas o diferentes opiniones. Ella esucha y luego opina, dice lo que piensa e intercambia pensamientos con todo tipo de gente, nunca ha tenido nungún problema para respetarlas y aprender cosas nuevas.
Hay cuatro personas en la conversación, tres debaten y uno no dice nada. Ella pregunta que si todos los que participan, excepto ella, piensan igual. Y como la cuarta persona no se había involucrado en la conversación decide preguntarle cuál es su opinión:
1.30 de la madrugada.
- Oye, y tú ¿qué opinas sobre todo esto?
- Que la gente como tú que van de hippies no tienen ni puta idea de la vida, que te lo dan todo hecho tus padres y estás en una burbuja de oro en la que te lo pagan todo, porque tú nunca has trabajado y no escucho las opiniones de gente como tú, porque me pareces una hipócrita, tú y todos los que opinan igual que tú.
Flipa. Kuraia prefiere pasar olímpicamente y despreciarlo, demostrando su indiferencia hacia ese individuo que le ha demostrado que no se merece ni una palabra ni una mirada suya.
Ella lo piensa al rato, no quería ninguna movida, pero...
¿Hipócrita? ¿quién se ha creído que es?
Se siente ofendida, sabe que no tiene que darle vueltas a un ser imbécil y poco razonable, pero no puede evitarlo. Sólo tiene dos insultos que no soporta: hipócrita y niñata.
Tampoco se lo tiene en cuenta, le ha faltado el respeto, puesto que ha dejado de ser persona para ser animal, ya que la diferencia entre un animal y un hombre es su capacidad de razonamiento, respeto y tolerancia, ella ignorará sus palabras que para ella sólo han sido rebuznos.
Hipócrita, tu puta madre.
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