Agosto, el mes que más miedo da a los estudiantes. El mes en el que la gran mayoría de la población vuelve a su rutina, a sus trabajos, al agobio y al estrés. El mes en el que tienes que volver a demostrar lo que vales ante un examen o un jefe, a volver a estar sometido.
Agosto, me agobia. Este año no ha sido el mejor, ni mucho menos. Me he cansado de todo, de tener que ir a clase para escuchar 8 horas diarias de las cuales aprovechaba 1.30, porque el resto del tiempo era incapaz de atender.
Como todo al principio es fácil, empiezas con ganas, con ilusión y con ánimo de hacer las cosas, aun que te reulte difícil.
Este año era importante, era el que iba a marcar mi vida, y lo único que ha hecho es jodérmela, pero ahora llega septiembre, sigo sin ningunas ganas de ponerme a estudiar y lo que se supone que era un verano de descanso ha sido todo lo contrario.
Me toca ponerme a estudiar y lo peor de todo no es el hecho de hacerlo, sino de lo que esperan los que te rodean que hagas o que logres.
Cuando peor iban las cosas llegó una persona a mi vida, una persona que siempre había sido muy importante pero en ese momento lo fue mucho más. Ahora lo que me preocupa después de que me haya animado es no defraudarle, el intentarlo todo por él, aunque sé que no lo conseguiré porque no tengo fuerzas para hacerlo.
Quiero pedir públicamente perdón a todas esas personas que han confiado en mi y que en el momento de la verdad no he sido capaz de corresponder como debía.
Lo siento, pero no puedo hacer otra cosa.
Volver a la rutina no solo un mes, sino un año más. A mi tampoco me entusiasma, espero tener suerte esta vez.